LA ENFERMEDAD ES UN MOVIMIENTO del Amor del espíritu que nos lleva hacia la vida, deshaciendo el largo camino que hemos seguido para alejarnos de ella. La enfermedad sólo aparece cuando nos hemos negado una y otra vez a afrontar conflictos con los que la vida nos retaba.
La fuerza, la energía y el amor nacen del equilibrio, de la fusión de dos opuestos, de dos fases complementarias, una negativa y otra positiva, de dos polaridades. Todo lo que existe es energía, y la estructura de la energía es bifásica: la energía se produce cada vez que se equilibran dos fases opuestas, fases constituidas de partículas negativas y partículas positivas. La energía se produce cuando electrones y positrones se equilibran, cuando se fusionan un hombre y una mujer, cuando un perpetrador y su víctima se reconcilian.
Formamos campos de energía a la vez que vivimos en campos de energía, por lo que todo lo que vivimos lo vivimos en forma de polaridades. Y la fuerza que permite el equilibrio o compensación de esas polaridades pertenece a un campo distinto del nuestro. Nuestros campos están regidos por el espacio y el tiempo, una jerarquía natural nos da a cada uno nuestro lugar en función de nuestra fecha de entrada en la vida. Mientras que la fuerza que necesita la integración de los contrarios para hacer surgir de ella su energía de amor es un campo que no conoce ni el tiempo ni el espacio, no es antes ni después de nuestros campos; es ahora, siempre ahora, y está a la vez fuera y dentro de ellos, a la vez trascendente e inmanente. Esta fuerza, este campo, asequible para nosotros sólo a través de sus efectos, precisamente a través de la reconciliación y de la sanación que siempre aporta, lo llamaremos espíritu, movimiento del espíritu.
El amor del espíritu es amor a los opuestos como son. Es la fusión de los opuestos. Es reconciliación. Necesita los opuestos para su posterior reconciliación. El amor del espíritu crea las condiciones de ese amor mayor, o sea las condiciones de su propia existencia: crea opuestos para que se combinen y, al combinarse, originar esa energía superior. La enfermedad es una de las dinámicas del espíritu, es una dinámica de reconciliación generadora de salud, de energía y de amor del espíritu.
La enfermedad es el resultado de nuestro rechazo a la vida y, a la vez, una propuesta de solución tanto de nuestro sistema familiar como de nuestro sistema corporal. La misión de la enfermedad es llevarnos a la curación; pero no nos dejamos guiar. Nos enseña como la curación pasa por la sanación. Por una reconciliación, pero solamente nos lo enseña, pues es un camino que debemos recorrer nosotros, conscientemente. Y, en lugar de dirigir la mirada hacia donde nos indica la enfermedad, lo que hacemos es mirarla incansablemente, a ella o al tratamiento. No entendemos la enfermedad; hemos olvidado el lenguaje de los símbolos, de las señales. Ya no sabemos ver la enfermedad; en Occidente, desde hace varios siglos, hemos perdido la capacidad de leer la vida.
Debido al vínculo de amor y la necesidad de compatibilidad, igualdad y compensación surge en los hijos un deseo profundo e inconsciente de compartir el destino, la enfermedad, la desgracia o la muerte de alguien de su sistema familiar. Así pues podríamos decir que, con una buena conciencia, las enfermedades los accidentes y la muerte se desean y se manifiestan. Este movimiento surge en la niñez y se continúa en la vida adulta. Así responde una persona a la necesidad de su alma de igualdad y compensación.
La enfermedad nos muestra siempre a alguien o algo que fue excluido. Su mensaje es: “El espíritu, que te lo ha dado todo, te pide que reincluyas a alguien que fue excluido por ti y por un ancestro, para poder seguir adelante con plenitud”
Foto de Alexander Grey en Unsplash

























